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Tan lejos, tan cerca

Heiko Maas

Federal Foreign Minister Heiko Maas, SPD. Berlin, 20.03.2018., © Thomas Imo/photothek.net

22.11.2017 - Artículo

La diplomacia puede ser injusta. Venezuela, Siria, Corea del Norte, en momentos como el actual en el que hay tantas crisis en el mundo, éstas captan prácticamente toda la atención en detrimento de la dedicación a asociaciones consolidadas o a la ampliación de alianzas.


                                                   Faraway, so close

 

                                                   Tan lejos, tan cerca

 

                                                   Tão longe, tão perto

 

                                                   Si loin, si proche

La diplomacia puede ser injusta. Venezuela, Siria, Corea del Norte, en momentos como el actual en el que hay tantas crisis en el mundo, éstas captan prácticamente toda la atención en detrimento de la dedicación a asociaciones consolidadas o a la ampliación de alianzas.

Pero esto es arriesgado. En un mundo cada vez más complejo necesitamos socios fuertes. El orden mundial, con sus reglas claramente definidas y sus certezas, se enfrenta a retos cada día más abiertos, también por parte de nuevos actores. Nuestra democracia liberal se ve cuestionada por modelos autoritarios, y aquí China y Rusia son solo los más visibles. El proteccionismo se está convirtiendo en una amenaza para el comercio mundial. Quienes apuestan por el aislamiento y el levantamiento de muros se granjean adeptos en todo el mundo.

Es la paradoja de los populistas, pues la globalización, la digitalización, la migración o el cambio climático no saben de fronteras. La creencia de que los desafíos globales podrían desterrarse o resolverse en un ámbito meramente nacional es peligrosamente ingenua.

Es mucho lo que está en juego para nosotros, tanto en América Latina como en el Caribe o en Europa. En un mundo en el que la ley del más fuerte reemplaza la fuerza de la ley, únicamente podemos salir perdiendo. No somos superpotencias militares. Ni queremos ni podemos imponerles a los demás nuestras propias reglas. Si queremos jugar un papel, si queremos evitar que otros decidan sin contar con nosotros, tenemos que estrechar nuestros vínculos.

Nos separa el Atlántico, pero compartimos valores e intereses similares y mantenemos estrechos lazos culturales. Vivimos en las regiones más democráticas del mundo. Creemos en las normas internacionales, garantes de la seguridad jurídica e impulsoras del crecimiento económico y la prosperidad. Creemos en la cooperación internacional porque el intercambio y la apertura benefician a nuestros países. Y creemos también que juntos somos más fuertes de lo que lo pudiéramos ser individualmente. En pocas palabras: Nuestros países son aliados naturales. Las ciudades hanseáticas alemanas de Bremen, Hamburgo y Lübeck se percataron de ello ya en 1847, año en el que firmaron con Guatemala el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación.

Guatemala aprecia igualmente el valor de la cooperación regional y la impulsa desde el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA). La protección de la naturaleza y del medioambiente, así como la adaptación al cambio climático son objetivos fundamentales de la cooperación entre nuestros países.

Esta es la base sobre la que Alemania desea impulsar una nueva iniciativa para América Latina y el Caribe, que arrancará el próximo 28 de mayo con una conferencia celebrada en Berlín a la que he invitado a mis homólogos y homólogas de América Latina y el Caribe. En ella podremos intercambiar nuestros pareceres y recalibrar juntos nuestra asociación. Y no lo haremos solos. Expertos en política exterior y de seguridad, Estado de derecho, cuestiones climáticas y cooperación científica serán nuestros asesores.

Ofrecemos a nuestros socios una agenda comercial positiva. América Latina, el Caribe y Europa no deben convertirse en daño colateral del conflicto comercial entre EE.UU. y China. Como europeos apostamos por un comercio justo que respete los estándares sociales y ambientales y proteja los derechos de los trabajadores. Así lo hemos hecho en los acuerdos comerciales con Chile y México y en los acuerdos multipartes con Perú, Colombia, Ecuador y Centroamérica. Otro paso importante sería la concertación de un tratado de libre comercio con los países del MERCOSUR para demostrar que configuramos el sistema comercial global conforme a nuestros valores porque creemos que este tiene que estar al servicio de la ciudadanía y no al contrario.

En nuestros países la gente espera, y con razón, que conformemos la globalización y la revolución digital de manera justa y humana. Por tanto, si en un futuro no tuviésemos más elección que la tecnosfera estadounidense o china, habríamos dejado pasar esa oportunidad de conformación. Por este motivo, en Berlín va a celebrarse un foro sobre los retos del futuro que constituye una parte integrante de nuestra iniciativa. En él queremos dar respuesta, junto a nuestros amigos de América Latina y el Caribe, a cuestiones urgentes tales como: ¿qué significa la revolución digital para nuestra seguridad y para el equilibrio de fuerzas internacional?, ¿cómo pueden defenderse nuestras democracias frente a la desinformación reinante en el ciberespacio? De las respuestas a estas preguntas dependerá que nuestras sociedades abiertas puedan defenderse frente al autoritarismo.

Uno de los pilares fundamentales de nuestra iniciativa es el fortalecimiento de los derechos de las mujeres. Todos somos partidarios de la igualdad de género, de que hombres y mujeres disfruten de los mismos derechos y las mismas oportunidades porque sabemos que sin igualdad de género no hay democracia real. Sin embargo, debemos reconocer que la batalla contra la desigualdad, la discriminación y la violencia sexualizada dista mucho de haber sido ganada. Mediante una Red de Mujeres germano-latinoamericana queremos, por consiguiente, conectar a personas que luchan por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, fortaleciendo con ello nuestras sociedades.

Hace exactamente 250 años que nació el gran científico Alexander von Humboldt, conocido también por su viaje a América Latina. En una ocasión se refirió a la idea de un Gobierno universal sin el que la historia de la humanidad resultaría incomprensible. Creo que aquella reflexión de Humboldt continuará siendo una utopía. Nos corresponde a nosotros perseguir a nivel global nuestros valores e intereses comunes. Juntos disponemos de la fuerza necesaria para ello: la Unión Europea y los países de América Latina y el Caribe constituyen, con un total de 61 Estados, casi un tercio de los países miembros de las Naciones Unidas. Somos más de mil millones de hombres y mujeres y generamos el 40% del producto interno bruto del mundo. Ha llegado el momento de aprovechar de consuno ese potencial.

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